miércoles, 3 de abril de 2013

DIARIO DE PARTIDA (las gemas parte 5)


Día 15:
      Como ya me imaginaba, no he sido el único en sentir nauseas y malestar a bordo. Todo el grupo nos encontrábamos débiles, a diferencia de los demás pasajeros. Eso me hizo pensar en que solo podía tratarse de veneno. Pero quien querría envenenarnos?? Solo se me ocurría una “persona” que estuviese interesada en nuestra muerte. Naturalmente yo era el que mejor se encontraba de todo el grupo, por lo que intente dar con un antídoto en alguno de mis libros, pero fue en vano. La fuerza del veneno era tal, que mis conocimientos sobre curación de poco sirvieron. Decidimos llegar hasta la fuente, por lo que comenzamos interrogando al que nos traía la comida al camarote. Este, pareció no ser más que un eslabón de una cadena que nos conducía directamente a las cocinas. Una vez en las cocinas, nos fue sencillo intuir quien había sido el responsable del envenenamiento. Solo tuvimos que ver al pinché para darnos cuenta de que tenia un parecido mas que razonable con el Caballero de Neraca. En esta ocasión la sorpresa fue menuda, pues en lo que iba de mes ya nos lo habíamos encontrado tres veces en tres situaciones completamente distintas. Lo que no alcanzo a comprender es como se coló en el barco… Antes de zarpar estuve algo más que atento en ver quien subía a bordo, y Beleguir sin duda alguna, habría sido bastante fácil de reconocer. Me dirigí hacia el con paso decidido, pero sin animo de provocar una pelea. No es correcto llamar la atención en un sitio como este. Ya ajustaremos cuentas mas adelante… Él, reconoció al instante ser el autor del envenenamiento. Esbozando una amplia sonrisa nos digo también que tenia la esperanza de que muriéramos por hambre o del veneno. Esto no cuadraba… Supuestamente llegaríamos a tierra en un par de días, y una persona normal puede aguantar más de una semana sin alimento.
     Subí rápidamente a cubierta y me dispuse a calcular la trayectoria del barco echando mano de mi agudizado sentido de orientación y gracias a un conjuro que permite saber la dirección correcta a seguir. Era de esperar que mis compañeros no se moviesen para intentar averiguar el porque de las palabras del Caballero. Estos estaban resultando ser mas inútiles de lo que en un principio me había imaginado. Rápidamente, constate que la trayectoria del barco distaba mucho de ser la trayectoria correcta, puesto que estábamos dando vueltas sin rumbo alguno. Pero como es esto posible?? Estaría el timonel compinchado con Beleguir?? O se trata de algo peor..  
     Salí corriendo con dirección al timón, y aunque me advirtieron de que no podía estar allí yo continué. Tenia que ver a ese timonel fuese como fuese. Pero cuando llegue allí me sorprendí enormemente al no ver a nadie tripulando la nave. Fue una suerte que en ese momento apareciera el Capitán del barco, ya que era el siguiente con el que quería hablar. El me dijo nada mas verme que tenia que abandonar aquella estancia, pero la información era primordial. Le pregunte por el timonel, a lo que de modo cortante me contesto que había caído enfermo y necesitaba reposo. Este estaba siendo sustituido por el pinché Beleguir. No se porque me esperaba esa respuesta. Llamadlo clarividencia… Le dije al Capitán que aquel maldito pinché estaba haciendo que diésemos vueltas sin ningún rumbo. Este pareció no creerme, por lo que me tuve que esforzar en demostrarle como había llegado a tal conclusión. Transcurridos unos minutos, el Capitán parecía estar convencido de ello, pero lo único que dijo es que hablaría con el pinché Beleguir para que corrigiese la nave. Como si eso sirviera de mucho…
     Habíamos llegado a un punto en el que solo nos quedaba esperar. Yo me negaba a comer cualquier cosa que saliese de aquella maldita cocina.  En mi camarote, estuve pensando largo y tendido acerca del diamante aquel. Porque Beleguir parecía estar tan obsesionado con este?? Eche mano de algunos libros de interpretación de magia, y con mis amplios conocimientos de elementos arcanos, llegue a la conclusión de que aquella flecha roja que había dibujada en el interior del diamante, solo podía señalar a las piedras hermanas de esta. Seguramente la siguiente piedra fuese la de color rojo, lo deduje del color de la flecha y de par de cosas mas que no merecen ser explicadas aquí y ahora. En aquel momento, Ectelion entro en el camarote con cara compungida. Quise compartir con el lo que había descubierto, pero mi sorpresa fue mayor. Este me dijo que tiempo atrás el había tenido la piedra Roja en sus manos. Que aquella piedra poseía poderes especiales que consumían sangre para curar al portador. Esto me pareció bastante macabro, por lo que preferí no preguntar más acerca de la piedra. Lo último que me dijo fue, que aquellas piedras eran reliquias que pertenecían a un altar de Takishis. Eso me pareció bastante razonable, ya que daría respuesta a porque el Caballero de Neraca ansiaba poseerla. Le pregunte a Ectelion como es que sabía tanto acerca de las piedras, a lo que me contesto de modo tajante que lo leyó en un libro que sus padres adoptivos le dieron al cumplir cierta edad. Al parecer la vida de Ectelion no ha sido ni mucho menos alegría y felicidad. Sentí lastima por el.
     Decidí que era hora de que fuésemos a por Beleguir. Es eso, o esperar a que nos muramos lentamente. No iba a darle esa satisfacción al Caballero. Nos dirigimos a las cocinas en busca del maldito pinché, con maza en mano y valor en el corazón. Al llegar a las cocinas, nos encontramos con un pinché sin muchas intenciones de luchar, ya que seguía con el atuendo de cocinero e iba totalmente desarmado. Por muchas ganas que yo tuviera de hundirle mi maza en su cara, hay algo en mi que me prohíbe matar a un ser que este desarmado. Por desgracia Ectelion no compartía mi punto de vista, y tras recitar un breve y estupido discursito se dispuso al combate. Pero en vez de luchar el pinché estallo en carcajadas. Entre risas podía oírse como decía algo acerca de la muerte de la mujer de Ectelion. En ese instante, Ectelion palideció cual fantasma y a poco se desmaya. El cobarde del Caballero fue corriendo hacia la borda y se lanzo por ella. Muy probablemente pereciese con aquella acción, pero estoy seguro que nos lo encontraremos mas adelante.
     Ayude a Ectelion hasta los camarotes, ya que este parecía incapaz de mantenerse en pie por si solo. Al llegar le preguntamos por el comentario del Caballero, y este palideció aun mas. No esperaba respuesta alguna, sin embargo contesto a todas mis preguntas. Nos contó la historia de cómo él hace años vivió en Argoth del Sur con su joven esposa. Decía que esta era el ser mas bello que jamás piso Krynn. Transcurridos unos años desde el día en que se caso y partido de Argoth del Sur (lugar donde vivió su infancia) empezaron los problemas en la aldea y territorios circundantes. Eran tiempos de la Guerra de la Lanza. Los Caballeros de Necara se disponían en grupos e iban sembrando el miedo y el caos por todo Krynn. Por lo que no es de extrañar que también aparececiesen en aquella aldea. Después de dar fuego a su granja los Caballeros quisieron rematar la faena. Persiguieron a Ectelion y a su mujer hasta darles caza. Ectelion consiguió huir, pero su mujer se quedo atrás. Dice que fue tan cobarde, que no fue capaz de volver para dar la cara. Vio como aquellos Caballeros vejaban a su mujer, violándola uno tras otro repetidas veces, para luego inmolarla viva. Él, consiguió huir de aquella aldea como pudo, y se paso cerca de un año deambulando y arrastrándose por doquier. Ahora su dolor es insoportable, pues sabe que Beleguir fue uno de aquellos malditos Caballeros. Dice siente la necesidad de pedirle perdón a su mujer, para poder pasar a mejor vida y apaciguar su dolor. Es por ello que necesita todas las piedras, que según el libro, entre otras cosas tenia la capacidad de devolver la vida a los muertos. Al terminar su relato, Ectelion se desmayo sobre su lecho. Dada la situación, creí oportuno que descansara un rato hasta la hora de cenar. Debe ser insoportable ser tan cobarde e inútil. Pobre infeliz.  

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