martes, 12 de marzo de 2013

DIARIO DE PARTIDA: dragonlance (parte 2)

DIA 2 DEL DIARIO DE PARTIDA DE ALASTOR R. SULL

sin mas preámbulos aquí lo dejo:


Día 2:
      La noche trascurrió tranquila, a excepción de los estrepitosos ronquidos de Odoro, que me hicieron creer por un momento que la cueva se venia abajo. Era hora de volver a Gavin y presentar las pruebas de nuestro éxito al Sheriff de la ciudad. Para asegurarnos de no dejar margen a la incertidumbre, cercenamos la cabeza del Caballero para presentársela junto con su casco al Sheriff. El camino de vuelta fue largo y doloroso, ya que algunos todavía presentaban heridas del combate contra el Caballero. Mi don también necesita su tiempo, tiempo del que no disponíamos.
      Una vez cobrada la recompensa, una oleada de gente empezó a correr sin dirección ni rumbo fijo. Oí como un niño gritaba algo acerca de un ataque de minotauros. Al girarme, algo que me golpeo en la cara me obligo a retroceder. Examine el objeto con cierta sorpresa, ya que resulto ser una enorme bola de lana mullida. Rápidamente os dirigimos rápidamente al puerto, desde donde podíamos apreciar una ingente flota de naves de guerra minotauros. Entre el bullicio de la gente destacaron vítores a favor de un tal Capitán Morgan. Al parecer, este era un famoso pirata de la zona que se dedicaba a saquear e invadir los territorios y naves de los minotauros. El lanzamiento de ovillos de lana era el símbolo del Capitán para indicar que había vuelto victorioso de su misión en territorio minotauro. Al desembarcar, el Capitán Morgan se dirigió al pueblo, invitando a todo el mundo a beber y unirse a la fiesta. Vi como un brillo fugaz despertó en los ojos de Dalin, quien con paso decidido, se encamino a los barriles de whisky minotauro. Intente disuadirle de que lo hiciera, incluso le amenace con no repartir con el la recompensa, pero fue en vano. Puede que mis dotes de convicción aun no estén a la altura necesaria para desenganchar al elfo.
      Pasaron las horas mientras nos encargábamos de los últimos detalles del reparto de bienes, cuando al Capitán se le voló la blanca peluca. Morgan, casi más borracho que el elfo, ofreció una recompensa para quien se la recuperara. Me pareció ridícula la idea de que una persona de mi talante tuviera que desempeñar una tarea tan estupida como recuperar una peluca, por lo que me negué rotundamente a acompañar al resto del grupo tras lo que parecía la caza del cochinillo. Magius y yo nos apartamos del grupo, mientras ellos dedicaban su tiempo a la peluca.
 De pronto, el puerto se vio asediado por hordas ingentes de Slighs que surgían de las montañas y trepaban al puerto desde el agua. Empuñando mi maza pesada cargué contra el Sligh mas próximo que tenia, enzarzándonos en un combate rápido del cual no salio vivo. Tan pronto como Magius pudo reaccionar, fuimos en busca del grupo cruzando el puerto atestado de marineros borrachos que luchaban contra los Slighs. Lo que vimos al llegar donde el resto nos dejo aturdidos por un instante. El Caballero de Neraca se erguía delante de nosotros, como si no hubiese ocurrido nada la noche anterior, a excepción de una cicatriz que tenia alrededor del cuello. Este reclamaba la gema que nos llevamos de la cueva, a cambio de la cual nos perdonaría la vida. En ese instante comprendí que la gema que yo custodiaba tenía un valor incalculable, y que por ninguna razón debía caer en manos malvadas. La última frase que pronuncio el Caballero hizo que un sudor frió recorriera mi cuerpo lentamente. Sus palabras fueron “No seáis ilusos, no se puede matar lo que ya esta muerto”. A esto que el Caballero empuño su espada y se abalanzo sobre el grupo con un despliegue de movimientos propia del mas curtido de los infernales. Las heridas brotaron por doquier, pero aun podía mantenerme en pie. Sin embargo, Ectelion se desplomo en el suelo del puerto, por lo que tenia que darme prisa si quería curarle antes de que pasara a mejor vida. Al rebuscar entre sus prendas en busca de su poción mágica, encontré un extraño arpa decorado con los mas lujosos detalles e incrustaciones. No era momento para preguntas, así que dedique mi tiempo a que volviera en si y sanaran sus heridas. Cuando me gire para volver al combate, Regis estaba sacando su puñal del cuello del Caballero, el cual yacía muerto a pocos metros donde estábamos Ectelion y yo. Al ver a su líder muerto, todos los Slighs salieron despavoridos en dirección a las montañas o al mar. Decidimos no arriesgarnos con el Caballero, así que con varias bolas de lana y un barril de alcohol le dimos fuego hasta que su cuerpo quedo reducido a poco mas que cenizas. Extrañados por lo que acabábamos de presenciar, fuimos en busca del Sheriff para pedirle que nos enseñase la cabeza del Caballero de Neraca que le entregamos. Largos minutos pasaron hasta que volvió este anunciando que la cabeza había desaparecido, lo cual no me sorprendió. Al abandonar el edificio, un hombre ataviado con una elegante túnica se acerco hacia nosotros. Dijo que era un emisario del alcalde. Este último, nos había invitado a cenar a su palacio como recompensa por librar a Gavin por segunda vez de aquellas repulsivas bestias. Aquellas nuevas me alegraron el día, pues ya era hora de que una persona como yo se relacione con sus iguales, y no con ogros y elfos borrachos.
      Era evidente que no podía presentarme en el palacio con las pintas que tenia, por lo que me dirigí al templo de Mishakal en busca de ayuda de mi señora. Al anochecer me encamine hacia la entrada del palacio, donde coincidí con el resto del grupo. El guardia de la entrada nos puso una única condición para poder acceder al palacio, y era la de depositar todas nuestras armas y armaduras en la entrada. La idea no me satisfacía del todo, pero aun así se las entregue. En este caso, el fin justificaba el medio. Es extraño pues esta es una frase con la que no suelo estar familiarizado. Al entrar en el gran comedor, pude avistar tres enormes mesas que formaban una “C” entre si. Como era lógico, nos invitaron a comer a la mesa del alcalde. Pero al llegar, un calor interior intenso me abraso y oprimió mi estomago de la rabia que bullía en mi, pues en la misma mesa había un maldito enano. Pensaba que el alcalde era un hombre respetable, que se rodearía de sus semejantes. En cambio me demostró que todo aquello solo había ocurrido en mi imaginación, ya que había considerado como un igual a un enano. Esos seres ni son dignos de confianza ni tienen modales para estar en aquella mesa. No hace falta decir que también carecen de una cualidad esencial para relacionarse con el mundo, y es el saber controlar sus primitivos instintos. Sin mirar a aquella apestosa criatura, exprese mi desconfianza hacia el y me negué ante la invitación de compartir mesa con el enano. Aun así quería ver como se desarrollaban los acontecimientos, por lo que fui a cenar a la mesa de los marineros, quienes resultaron no ser más que unos incompetentes borrachos que solo hablaban de mujeres. Al de un rato, para rematar la situación, apareció Odoro, quien se sentó enfrente mío. Cosa que me disgusto enormemente pues bastante era rodearme de aquella gente como para encima aguantar a un ogro sin modales como el.
      Antes de empezar con el banquete, el alcalde se puso en pie y fue presentando a los integrantes de su mesa entre quienes destacaban el Capitán Morgan y un tal Conde Beleguir. Cuando este último se alzo para que todos pudieran verle, fue como si el ogro me hubiese sacudido un martillazo por la espalda. Era el mismo Caballero de Neraca que en dos ocasiones habíamos matado!! Era imposible… como?? Lo redujimos a cenizas que posteriormente esparcimos por el mar. No alcanzo a comprender que es lo que esta sucediendo. El alcalde continúo hablando y nos pidió que contáramos nuestras hazañas sobre lo ocurrido. En aquel momento me encontraba reacio a cualquier invitación de explicar lo ocurrido, por suerte fue Ectelión quien alzo la voz y contó con detalle nuestra misión. Al llegar a la pelea con el Caballero de Neraca, Beleguir alzo la voz escandalizado, diciendo a todos los presentes que nuestra historia era una farsa, ya que en los tiempos que corren los Caballeros de Neraca se daban por muertos. En ese momento la rabia que sentía se apodero de mí, y saque la gema alzándola en alto, en un intento de corroborar nuestra historia. El Conde Beleguir pareció no inmutarse, lo que por un momento me llevo a pensar que podía no tratarse del mismo Caballero. Teoría que quedo desmantelada al ver la cicatriz que tenía en el cuello. Una vez finalizada la historia, el alcalde, quien parecía no estar muy seguro de la veracidad de los hechos, invito a comenzar con el banquete, a lo que le siguió un tremendo escándalo. Todo transcurrió con normalidad a lo largo de la cena, con la excepción de que echaron a Odoro del gran comedor, por su falta de modales, y vi como unos guardias apresaban a Regis y se lo llevaban. Al finalizar la cena, la gente se dirigía a la zona de baile, donde se encontraba el Conde Beleguir. Me encamine hacia el con intención de hablar con el, pero no tuve mas remedio que invitarle a bailar, pues no había forma de sacarlo de allí. Este accedió, y asumió su papel de mujer, ya que me agarro por el cuello. Con mis ojos clavados en los suyos le dije que no recuperaría la piedra, y que desistiera de su propósito. Él insistió en que la recuperaría fuera como fuese y se alejo. Un dolor se extendió por mi vientre al tiempo que el Conde mantenía su mirada fija en mi. Lo más probables es que se tratara de un conjuro. Yo me aleje sin dar muestras de debilidad y vi como el Conde sostenía en la mano mi bolsa. No podía creerlo, me había robado sin darme yo ni cuenta!! Al instante la bolsa desapareció y comprendí que todo se trataba de una ilusión. Este Conde va ha suponer un problema mayor del que en un principio creía. Cuando acabo el baile, y la gente se disponía a marchar, busque con la mirada a Beleguir, pero al parecer este ya había abandonado el recinto. Fuimos a la entrada a por nuestras armas y armaduras, cuando de no se sabe donde apareció Regis. Decidimos permanecer juntos e ir a donde indicaba la flecha, con el fin de resolver el misterio. Pronto nos percatamos que la flecha se dirigía hacia Osadia, en Ergoth del Sur. El próximo barco hacia Osadia salía en una semana, por lo que decidimos reservar sitio en el y hacer semana en Gavin.

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